Grupo Santa Rita, en alianza con InBike Store, con la finalidad de fomentar el deporte, la convivencia y la superación personal entre la comunidad ciclista. Convocan a corredores, aficionados y entusiastas a participar en el Reto Citadela del Nogal, una experiencia de 45 kilómetros de recorrido en la que el esfuerzo individual se encuentra con el espíritu colectivo de la montaña.

Aquí no solo se compite contra el cronómetro: se compite contra uno mismo, se comparte el camino y se celebra la meta como propia y como de todos.

Hay caminos que solo se recorren con las piernas ardiendo y el corazón desbocado. Uno de ellos está en la Citadela del Nogal. 45 kilómetros de subidas que exigen, de bajadas que liberan y de paisajes que recuerdan por qué amamos esto. El 28 de febrero, InBike Store y Grupo Santa Rita encienden la línea de salida. La pregunta ya no es si estás listo. La pregunta es: ¿vas a quedarte viendo cómo otros viven lo que tú también puedes vivir?
Detrás de cada ciclista hay una historia. Detrás de cada historia, una razón para llegar más lejos. Esto no es solo una carrera. Es el instante en que decides enfrentarte a la montaña y, de paso, a ti mismo. Es la meta que compartes con desconocidos que terminan siendo tu misma sangre durante 45 kilómetros. Aquí no se trata de ganar siempre. Se trata de estar. De intentarlo. De cruzar esa línea y saber que el Nogal ya es parte de ti.
Mientras los primeros vuelan, el resto avanza con la mirada fija en su propio límite. No hay rival pequeño cuando la batalla es contigo mismo. Y justo ahí, en los primeros 35 kilómetros, el camino se convierte en juez: un ascenso cronometrado separará a los más explosivos del pelotón. Los primeros 150 en domar ese segmento escribirán su nombre en la historia del Reto. Pero todos, absolutamente todos, tendrán algo que celebrar al cruzar la meta.
El dinero es importante. Pero lo que realmente pesa es la medalla que cuelga del cuello después de 45 kilómetros de entrega. Aun así, el esfuerzo merece su recompensa: mil pesos para el primero, ochocientos para el segundo, quinientos para el tercero. En todas las categorías. Porque aquí competir con dignidad también se premia. Y cuando los patrocinadores se suman, hasta el último de la fila se lleva algo más que cansancio: se lleva un reconocimiento.
Del 15 de enero al 15 de febrero, el reloj corre en tu contra. Las inscripciones están abiertas, pero el cupo no perdona. No es solo llenar un formulario. Es decir: «yo estuve ahí». Febrero también es de montaña. Y esta montaña te está esperando.
Por 350 pesos no compras una bolsa con cosas. Compras abastecimiento en medio de la nada. Compras una cerveza helada cuando ya no te quedan fuerzas. Compras una medalla que solo los primeros 150 en la cronoescalada pueden presumir. Compras un número plastificado que, al final del día, será el testigo mudo de que lo lograste. Y sí, también un detalle sorpresa. Pero lo más importante es esto: compras el derecho a formar parte de algo que recordarás mucho después de que el polvo se haya ido.
× Iniciar chat